Prueba Mitsubishi L200 300 DI-D 181 CV

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Pruebas de coches
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¿A quién le resulta práctico un SUV? Eso es lo que nos preguntábamos años atrás –varios años-, y ahora los SUV –en sus diferentes segmentos- ocupan los primeros puestos en el ranking de ventas. ¿Ocurrirá esto algún día con los pickup como el Mitsubishi L200 que hemos probado? Pues seguramente no, pero a pesar del desinterés en ellos –reservados para perfiles de cliente muy concretos-, los pickup tienen su puntito. El que nosotros hemos probado es el Mitsubishi L200 300 DI-D Kaiteki, el más alto de gama por motor y equipamiento, con cabina doble.

El doble cabina alcanza los 5,2 metros de largo aproximadamente, y un importante ‘voladizo’ del que más adelante hablaremos, y comparte el frontal con toda la gama. Un paragolpes recortado y de posición elevada por esto, y también por la altura de la propia suspensión. Con buenas cifras de ataque y salida, así como de altura libre al suelo, pero con un punto débil: el ángulo ventral. Pero de momento nos centramos en el diseño, y a este nivel el Mitsubishi L200 sigue mostrándose atractivo y con personalidad propia. Como es costumbre en los modelos de Mitsubishi, en este también encontramos en su carrocería multitud de detalles cromados: parrilla y carcasas de los retrovisores exteriores tienen este acabado.

mitsubishi l200

Un pickup con complejo de SUV ¿pensado sólo para ‘trabajar’?

formato pickup suele estar planteado para uso laboral/profesional, y con la quinta generación del Mitsubishi L200 nos encontramos con un contrapunto muy interesante. Empezaremos por que su estética no es la de un SUV habitual, la carrocería es bastante más alta por la longitud de su suspensión y el acceso a las plazas delanteras y posteriores, por este motivo, no es tan cómodo. Y ya dentro tampoco vamos igual de ‘cómodos’ que en un SUV, en tanto que la conducción urbana no agradece su puesto de conducción sobre elevado. Ahora bien, deteniéndonos por un momento en su equipamiento interior y acabados, entonces es cuando empezamos a confundirnos sobre si estamos, o no, ante un SUV.

mitsubishi l200

Tomando como referencia al ASX o el Outlander, en el Mitsubishi L200 tenemos multitud de componentes en común. Se repiten gran parte de los ‘fallos’, y otra gran parte de los aciertos apostando por una construcción sólida y resistente, y al mismo tiempo se combinan los agradables tactos de los asientos en cuero o el volante también forrado en piel. Sin embargo, las molduras laterales de las puertas, o la parte baja del salpicadero, igual que en sus hermanos de catálogo nos recuerda que estamos ante un modelo esencialmente campero, más planteado para aguantar el maltrato que para deleitarnos con un tacto suave y una apariencia vistosa. Y aunque la actualización del Mitsubishi L200 vino hace poco más de un año, la pantalla táctil de 7 pulgadas aloja un sistema de infotainment muy rudimentario. No por sus posibilidades, pero sí por el aspecto de su interfaz y la disposición de los elementos, que nos recuerda una vez más que no estamos ante un SUV como tal, sino ante un pickup.

mitsubishi l200

Entonces tenemos un interior bien acabado, pero enfocado más a ser robusto y resistente en algunos puntos clave. Bien por el equipamiento con que cuenta, y la mayoría de sus acabados, y bien porque perfectamente podemos hacer el cafre con él sin miedo al desgaste. Además, la sólida construcción de la que hablábamos anteriormente permite que el paso por pistas bacheadas y cualquier irregularidad en la conducción offroad no produzca una sola vibración o ruido por el movimiento de sus componentes. Y en las plazas delanteras, además, el espacio está perfectamente repartido; aunque en las plazas posteriores de nuevo nos chocamos con su planteamiento pickup, y además de que la banqueta es algo rudimentaria, el espacio para los pasajeros es ligeramente limitado.

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En un buen punto intermedio entre ‘lo profesional’ y ‘lo ocioso’

El equipamiento de serie no deja lugar a crítica posible. Vale que su sistema de infotainment no tiene una interfaz genial, y que algunas de sus funciones no son especialmente fáciles de encontrar. Vale que algunos botones físicos podrían eliminarse llevando sus funciones a la pantalla táctil, pero es un sistema completo y, definitivamente, convincente. En el interior tenemos este equipo con radio CD y Bluetooth, tenemos los asientos y el volante forrados en piel, tenemos control de crucero y limitador de velocidad, y no faltan detalles como los elevalunas eléctricos para las cuatro ventanillas o el asistente de arranque en pendiente. Además los asientos cuentan con regulación eléctrica, son calefactables, y tenemos climatizador automático. Y aquí es donde, en el uso, nos vuelven a entrar las dudas sobre si estamos en un SUV –por aquello del enfoque ocioso- o en un pickup –por aquello del enfoque profesional-No vamos a echar en falta nada, si estamos acostumbrados a un SUV.

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Y esta aptitud offroad, como buen pickup, viene respaldada por un bloque diésel de 2,4 litros de cubicaje e inyección directa, de 181 CV de potencia máxima en las 3.500 rpm, acompañado de una transmisión automática INVECS-II de cinco velocidades y el sistema de tracción Super Select 4WD. Aquí es donde está toda su ‘magia’, porque de nuevo tenemos una transmisión de cambios suaves y configuración eminentemente confortable –secuencial con palanca y levas-, pero con toda la aptitud de un todoterreno gracias al sistema Super Select 4WD que nos permite optar entre los modos que comentábamos anteriormente: 2H para la tracción trasera, 4H para la tracción total permanente, 4HLc para la tracción total con bloqueo de diferencial central y 4LLc para la tracción total con bloqueo de diferencial central y reductora.

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Comportamiento en asfalto y offroad

Siguiendo con la premisa y constante de ese concepto a medio camino entre SUV y todoterreno, el pickup de Mitsubishi es un producto bastante redondo. Los rasgos de SUV, y los de todoterreno, están repartidos casi de forma perfecta en cada área que corresponde, salvo pequeños ‘fallos’ como los neumáticos Bridgestone Dueler HT que, cuando queremos salir de la carretera, lo cierto es que no acompañan. Pero ahondando en su comportamiento, el Mitsubishi L200 en carretera se comporta prácticamente igual que un SUV de dimensiones equivalentes, con buen aplomo y los únicos contratiempos de una dirección que no transmite demasiado y tiene excesivo recorrido para uso por asfalto, y una trasera rebotona que es evidente en un modelo pickup. Además, nuestro consumo medio se ha mantenido en torno a 8,2 l/100 km con la tracción total permanentemente conectada, y con la pega de que no cuenta con sistema Start&Stop para reducir los consumos, de ahí que en uso urbano sí pueda irse a los 9,5 l/100 km sin despeinarse.

mitsubishi l200

En uso offroad, la tecnología y mecánica de Mitsubishi sale a relucir y el Mitsubishi L200 saca lo mejor de sí. La suspensión absorbe de buena gana cualquier irregularidad, y la tracción total en sus diferentes modos se adapta a cualquier superficie. El único problema está en los neumáticos, que evidentemente no están planteados para un uso fuera de carretera a gusto de cualquier superficie. Pero calzando unas cubiertas más aptas, el Mitsubishi L200 es perfectamente capaz de llevarnos a cualquier parte.

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